lunes, 12 de diciembre de 2011

Algunos comerán turrón amargo


Tras el último clásico la afición mundial se ha rendido a Josep Guardiola. La estrategia que planteó en el Bernabéu ha recibido el aplauso de la prensa y de sus colegas de profesión. Sin embargo, Mourinho es el objeto de gran parte de las críticas después del encuentro del sábado. El portugués no acertó en su planteamiento, o no supo adaptarse a las circunstancias de un encuentro que se antojaba complicado desde el momento en que el Barça se hizo dueño del balón. No obstante, ni el uno por sus aciertos, ni el otro a pesar de sus errores corren el riesgo de dejar sus banquillos antes de Navidad.


La amenaza de la marcha hostil ronda sobre las cabezas de los entrenadores de otros conjuntos que despertaban mayores espectativas, ya sea por la grandeza histórica de los clubes que dirigen o por la buena actuación en temporadas pasadas. A veces lo que sucede es que una afición deja reposar sobre los hombros de un entrenador demasiadas esperanzas, con la ilusión de ver a los suyos en los puestos de arriba, clasificándose en las competiciones europeas, o símplemente alejados de la zona de descenso.

La tendencia en nuestro país de culpar a los técnicos de todos los males  lleva a hombres como Manzano, Aguirre o Garrido a tambalearse en la cuerda floja a la espera de una decisión que se tome en los despachos, a la espera de noticias sobre su futuro más próximo.

El que más azotes se está llevando por todas las bandas está siendo Gregorio Manzano. El Atlético de Madrid parece que no levanta cabeza. Un mal arranque de temporada demasiado prolongado en el tiempo ha sido aliñado esta semana con el batacazo en Albacete contra un Segunda B y la derrota en El Prat frente a un Espanyol que lo tuvo muy fácil. La afición pide a gritos su destitución, y en las oficinas del Calderón sale humo. Hay quien duda que llegue a jugar la próxima jornada de Liga, y lo cierto es que el aún entrenador colchonero está haciendo oposiciones para no hacerlo.

Javier Aguirre está sufriendo (y haciendo sufrir) un suplicio en Zaragoza. El club maño es el colista de Primera, a cinco puntos de la salvación. Si el mexicano sigue sentado en el banco es porque no hay dinero en La Romareda para pagarle el finiquito. El equipo está en horas bajas hasta en su cuenta corriente. Con el cinturón de la ley concursal apretándole la cintura, la situación del Zaragoza para no ser reversible. Paciencia van a necesitar los directivos, y más aún los aficionados.

El Villarreal es otro que no para de dar disgustos a los suyos. Recientemente eliminado de la Champions con una actuación nefasta, el conjunto de Garrido tampoco está ofreciendo una buena imagen en Liga. Ahora mismo el submarino suma tan solo 15 puntos, empatados con un Sporting que marca la nota de corte en los puestos de peligro.

Sandoval, héroe el año pasado en Vallecas, comienza a ser mirado con otros ojos. El técnico del Rayo ve cómo su equipo está a un punto del Villarreal, lo mismo que les sucede al Granada, Real Sociedad, Getafe y Betis. De entre estos, es Pepe Mel el que peor lo tiene, a pesar del positivo de este fin de semana. La imagen de los verdiblancos no ha ganado enteros en todo lo que va de temporada. Parece que la carambola se hace dueña de sus éxitos, y eso no favorece nada. A casi todos estos últimos que se han nombrado les cuesta sacar un punto fuera de casa, pero para algunos es difícil hasta vencer en sus propios estadios.

Sea culpa de los entrenadores, los jugadores o las directivas (ojo también aquí), son los técnicos los primeros en ser relegados de sus cargos, siempre. La Navidad viene suponiendo un punto y aparte en el paso de muchos de ellos por los clubes de nuestra liga. Alguno no llegará a comerse el turrón, eso está es prácticamente seguro, pero los que sí que lleguen a recibir el nuevo año con su actual puesto de trabajo, tendrán en endulzar los postres festivos para que no les sepan amargos cuando se vean de frente con el reinicio de la competición.

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